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Críticas de cine

Martes
16/3/2010
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August

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August

Primera y más que notable incursión de Anthony Hopkins en la dirección. Este reconocido actor ha echado mano de una gran pieza teatral, Tío Vanya, de Anton Chejov, continuo estímulo para los directores y con unos personajes que son una delicia para los actores. Para los espectadores —pues es ya un clásico universal— resulta también un goce permanente, con tal de que no se dañe esta joya al mostrarla; y con el interés añadido por ver cómo la ha concebido un nuevo director.

Después de la magnífica película de Louis Malle, tan reciente, parecería atrevido presentarla ahora a la comparación. Sin comparar, cabe decir que guionista y director han hecho una lectura británica del alma rusa. Han situado la acción en Gales, y han hecho como si todo fuera británico: sitios, nombres, situación social... En el traslado —y no sólo traducción y versión— han cambiado el alma: la aplastante melancolía de Chejov, ese impalpable pero real clima de fatalismo, de destino fatídico, se transmuta en August en alta comedia; el acelerado ritmo coopera a que así sea. Hay seres que sufren, sí, pero en cuyas historias resaltan más los hechos, lo que sucede a unos burgueses, lo psicológico, lo práctico, el utilitarismo, con final triste. Hasta lo cómico cambia: en Chejov hay humor patético; Hopkins se acerca a la bufonada.

Queda lejos el arquetipo chejoviano. Ante la obra del ruso, un actor diría: voy a hacer la Sonia de Chejov; voy a hacer el Doctor... Ante la obra de Hopkins, me parece que dirían: voy a trabajar en August. Pero, pues es universal, tiene derecho Hopkins a britanizar Tío Vanya: sigue siendo deudor de Chejov, referente indispensable.

Hopkins ha desteatralizado —en lo que tiene de limitación escénica— todo lo que ha sabido y podido. Es una película con muchos interiores, sí, pero una película. Ha seguido de cerca y con fortuna las pautas recientes de James Ivory: mucho césped y jardines, y bordados y sedas, y tazas de té al trasluz... La música es menos afortunada, en tanto que distrae a veces.

La conclusión podría ser que Hopkins/Mitchell ven menos la poesía de Chejov, ven poco la honda tragedia y la luminosa esperanza del hombre sobre la tierra; ven y cuentan la historia familiar, más o menos feliz o desgraciada, de unos seres muy asentados en su casa, y en sus cosas.

No sólo considero justo un caluroso aplauso al trabajo —triple— de Hopkins, sino que tal vez acerque a Chejov a quienes les resulte demasiado alto, o demasiado hondo. Quizá. P.A.U.

Director: Anthony Hopkins. Intérpretes: Anthony Hopkins (Ieuan Davis), Leslie Phillips (Profesor Blathwaite), Kate Burton (Helen), Gawn Grainger (Doctor Lloyd), Rhian Morgan (Sian), Menna Trussler (Gwen), Rhoda Lewis (Mair), Hugh Lloyd (Prosser). País: Gran Bretaña. Año: 1995. Producción: June Wyndham Davies y Pippa Cross, para Granada Films. Argumento: La adaptación de la obra teatral Tío Vanya, de Anton Chejov, llevada a cabo por Tania Alexander. Guión: Julian Mitchell. Música: George Fenton y Anthony Hopkins. Fotografía: Robin Vidgeon. Dirección artística: Eileen Diss. Montaje: Edward Mansell. Estreno en Madrid: 12-VII-96 (Coliseum, Conde Duque, España, Excelsior, Ideal, Parquesur, Plaza Aluche, Vaguada). Distribuidora cine: Araba Films. Distribuidora vídeo: Buena Vista / Araba. Duración: 93 minutos. Género: Comedia dramática. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: —.

 
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