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24/4/2014
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El Jorobado de Notre Dame

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The Hunchback of Notre Dame 

Como ya es habitual en las últimas películas de la Disney, la polémica también ha acompañado a su largometraje animado nº 34, El Jorobado de Notre Dame. Que si el título de una de sus canciones, Out There (Fuera), es un homenaje a la asociación gay norteamericana del mismo nombre; que si la secuencia del tema Heaven’s Light/Hellfire (Luz celestial/Fuego infernal) tiene una excesiva carga sexual; que si hay pasajes de gran violencia... En fin. Dejando aparte el primer elemento de debate —totalmente extracinematográfico, pues no tiene ninguna plasmación concreta en pantalla—, la supuesta carga de sexo y violencia de la película se ha sacado de quicio, hasta el punto de dificultar bastante un análisis sereno y ponderado de su concreta calidad artística, que es mucha.

Ciertamente, El Jorobado de Notre Dame avanza por la senda de las últimas películas de animación de la factoría Walt Disney, que está haciendo un notable esfuerzo técnico y argumental para ganarse al público adulto sin perder el favor infantil y juvenil. Y es verdad que su tratamiento de la novela de Victor Hugo es más dramático que cómico, y afronta la fuertes aristas que plantea el escritor francés. Pero en ningún momento cae en el mal gusto y, además, su despliegue visual y sonoro —quizá el más deslumbrante de la historia del cine de animación— se enriquece con interesantes reflexiones morales y religiosas. Vayamos por partes.

La película, en efecto, adapta libremente —en la línea happy end habitual de la Disney— la novela Notre Dame de Paris, que Victor Hugo escribió en 1831 y que ha sido llevada al cine en varias ocasiones con destacados actores en el papel protagonista: El Jorobado de Nuestra Señora de París (1923), de Wallace Wosley, con Lon Chaney; Esmeralda, la zíngara (1939), de William Dieterle, con Charles Laughton; Notre Dame de Paris (1957), de Jean Delannoy, con Anthony Quinn; El Jorobado de la Morgue (1972), dirigido y protagonizado por Paul Naschy; El Jorobado de Notre Dame (1982), de Michael Tuchner, con Anthony Hopkins...

Ambientada en el abigarrado París del siglo XV, convulso por las luchas entre el despótico poder real y la siniestra Corte de los milagros, la película describe el romance imposible entre Quasimodo, el deforme y bondadoso campanero de la catedral, y Esmeralda, una joven bailarina zíngara que es perseguida y a la vez deseada por el malvado juez Frollo. Intentará evitar los injustos desmanes del juez un apuesto capitán de la guardia real, Phoebus, que también se enamorará de Esmeralda.

La película mantiene el tono mágico-cómico-infantil, habitual en la Disney, a través de los originales personajes de tres gárgolas (Victor, Hugo y Laverne), amigas de Quasimodo, que cobran vida cuando están con él. Pero el resto está dominado por los dramas de Quasimodo —su deformidad, su soledad, su amor frustrado y la crueldad de la gente hacia él— y los de la gitana Esmeralda, acosada por el cruel y libidinoso Frollo. La descripción de estos conflictos incluye algunas secuencias de gran dramatismo —varias muertes y torturas, las tentaciones lujuriosas de Frollo, algunos incendios dantescos...—, que quizá resulten demasiado fuertes para los más pequeños.

De todos modos, esta arriesgada opción dramática, sin renunciar al tono tenebrista de Victor Hugo, lo matiza —seguramente, para bien— remarcando los elementos solidarios y antirracistas de la historia original, y eliminando su fuerte componente anticlerical. En este sentido, sorprende la ponderación con que la Disney ha planteado este su primer acercamiento serio a la religión cristiana y, en concreto, a la Iglesia católica. Por un lado, se critica certeramente tanto el racismo y la hipócrita pseudorreligiosidad del juez Frollo —al que se ha quitado la dignidad episcopal que tenía en la novela original— como el frívolo hedonismo de la Corte de los Milagros y del populacho. Además, se elogia sin ambages el papel protector de la Iglesia frente a los abusos del poder político, desde un punto de vista muy alejado de ciertos tópicos sobre la Inquisición. Y, finalmente, se ensalza la figura maternal de la Virgen, en una secuencia magistral en que la gitana Esmeralda canta a la imagen de Notre Dame una preciosa oración: God Help the Outcasts (Dios ayuda a los proscritos).

¿Responde todo esto a un simple afán por ser políticamente correctos y por apuntarse a las nuevas modas espirituales, o hay algo más? No sé. Habría que preguntarle a Don Hahn, productor de La Bella y la Bestia, El Rey León y ahora de El Jorobado de Notre Dame. En cualquier caso, parece conveniente matizar las opiniones extremadas, parciales o epidérmicas de ciertos comentaristas sobre el tratamiento de fondo de esta película, y valorar en su justo término sus sombras y sus luces; sobre todo porque las luces son muchísimo más intensas.

Además de esta riqueza argumental, la película ofrece una deslumbrante puesta en escena, que mejora los hallazgos técnicos de los últimos films de la Disney. Por un lado, la definición de personajes es muy buena y, entre otras cosas, se consigue humanizar el personaje de Quasimodo y dotar de una atractiva personalidad a la figura de Phoebus, quizá el mejor personaje masculino realista de la historia de la Disney. Por otra parte, la animación es magnífica, y roza la perfección en algunos movimientos de cámara portentosos —por ejemplo, las subidas y bajadas de Quasimodo por los contrafuertes de la catedral— y en las secuencias de masas, espectacularmente resueltas con ordenadores. A todo esto, se añade un sugerente empleo dramático del color, un montaje agilísimo, la bella y variada banda sonora de Alan Menken...

Tal vez, en su afán de condensar al máximo la novela original, la película adolece a ratos de una cierta precipitación narrativa. Pero este leve defecto casi no desmerece su condición de espléndido drama de animación. Eso sí, quizá guste más al público juvenil y adulto que a los niños. Esto no significa que sea inadecuada para ellos; más bien exige que los niños sean convenientemente asesorados por sus padres y educadores, que es como siempre debería ser... Al igual que todos los buenos libros —y todas las buenas películas—, El Jorobado de Notre Dame, además de entretener, enfrenta al público infantil y juvenil con cuestiones morales y religiosas de primera magnitud: el racismo, la sinceridad y la hipocresía en el trato con Dios, el pecado, la tentación, la impureza, el amor, el papel protector de la Iglesia, la devoción a la Virgen...

¿Que a veces resulta inquietante y puede llevar a los niños a plantear preguntas incómodas? Pues claro; todas las manifestaciones culturales que merezcan tal nombre incitan a pensar. ¿Que es un riesgo? No, más bien es una magnífica oportunidad para aquellos padres y educadores realmente comprometidos con la formación de los niños; sólo es un riesgo para aquellos chavales abandonados comodonamente en brazos de la niñera televisiva, o de otros divertimentos vacíos y sin sustancia; chavales que no tienen criterio ni para delimitar el mensaje de un tebeo de Mortadelo y Filemón. Pero para esos niños de encefalograma plano, todo es un riesgo. J.J.M.

Directores: Gary Trousdale y Kirk Wise. Dibujos animados. Voces de los personajes (original/castellano): Quasimodo (Tom Hulce / Luis Posada), Esmeralda (Demi Moore / Marta Barbará), Frollo (Tony Jay / Constantino Romero), Febo (Kevin Kline / Armando Carreras), Clopín (Paul Kandel / Jesús Castejón), Gárgolas: Hugo, Víctor y Laverne (Jason Alexander, Charles Kimbrough, Mary Wickes / Salvador Aldeguer, Antonio Crespo, Carmen Contreras), Archidiácono (David Ogden Stiers / Miguel Ángel Jenner). País: Estados Unidos. Año: 1996. Producción: Don Hahn y Roy Conli, para Walt Disney. Presentada por: Buena Vista. Argumento: Una historia animada de Tab Murphy, basada en Notre Dame de Paris de Victor Hugo. Guión: Tab Murphy, Irene Mecchi, Bob Tzudiker, Noni White y Jonathan Roberts. Música: Alan Menken. Canciones: Alan Menken (música) y Stephen Schwartz (letras). B.S.O.: Walt Disney Records. Efectos visuales: Christopher Jenkins. Imágenes generadas por ordenador: Kiran Bhakta Joshi. Dirección artística: David Goetz. Montaje: Ellen Keneshea. Internet: http://www.disney.com/BVI/ Estreno en Madrid: 22-XI-96 (Acteón, Albufera, Benlliure, Coliseum, Cristal, Florida, Juan de Austria, Novedades, Plaza Aluche, Proyecciones, Real Cinema, Vaguada). Distribuidora cine: Buena Vista. Distribuidora vídeo: Walt Disney. Duración: 92 minutos. Género: Drama musical. Premios principales: Nominación al Globo de Oro 1996 a la mejor banda sonora. Nominación al Oscar 1996 a la mejor banda sonora de comedia o musical. Premio Alfa y Omega 1997 a la mejor película para niños. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: V S.


 
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