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L’arbre de les cireres 
A pesar de los numerosos galardones que recibió, el primer largometraje de Marc Recha, El cielo sube (1991), pasó bastante inadvertido, al menos fuera del ámbito cultural catalán. Algo parecido ha pasado con El árbol de las cerezas, rodada también en catalán y distribuida exclusivamente en los circuitos de versión original subtitulada. Es una pena, porque sin duda hay que añadir este título a los ya numerosos que están marcando desde hace varios años una auténtica renovación estilística y argumental en el cine español. Así lo avalan los premios ganados por la película, entre ellos el José Luis Guarner en el Festival de Sitges y el de la Fipresci en el Festival de Locarno.
Como ha señalado el propio Marc Recha, los trece personajes sobre los que se sostiene la historia nacieron a la sombra del singular paisaje del Vall de Gallinera, en Alicante, donde transcurre la acción y del que la película ofrece unos fascinantes «apuntes al natural». Su árida y a la vez rica orografía marca las complejas personalidades de unos seres humanos muy de carne y hueso, reconocibles, que reflejan, cada uno a su manera, la perplejidad del hombre de hoy, dividido entre los sólidos valores de siempre y la fugacidad de los valores supuestamente modernos, entre la serenidad del campo y el estrés de la ciudad, entre el vacío del individualismo dominante y la costosa pero reconfortante apertura a los demás...
Ahí están el frustrado médico mayor y el solitario agricultor, que se disputan desde hace años el amor de la dueña de la posada del pueblo; el médico joven que intenta rehacer su penosa vida pasada; el oscuro transportista y el joven feriante que se dedican a robar aceite; la nieta adolescente que saca adelante a su pequeño hermano Ángel y a la moribunda abuela desde que la madre marchó a ganarse la vida en un circo... Y está sobre todo el propio niño, Ángel, a través de cuya mirada inocente e imaginativa se dibujan estos retazos de vida, con todas sus pequeñas y grandes tragedias, miserias, alegrías y esperanzas.
A la película le cuesta arrancar diez minutos, en los que pesan un poco la escasez de medios y la minimalista opción visual que adopta Recha. Pero, desde el magistral plano en que desvela poco a poco el valle completo, la película atrapa sin remedio al espectador y no lo suelta hasta el desenlace. Recha logra sobre todo lo más difícil: una mirada de la realidad completa y compresiva, caleidoscópica, suficientemente cercana como para hacerla propia y con los suficientes márgenes de indefinición como para mantener la intriga y lograr ese ideal que propugnaba Bresson de «no mostrar completamente todos los perfiles de las cosas». Esta decidida confianza en el espectador lleva a Recha a una puesta en escena fascinante, enormemente visual, plagada de magníficas elipsis y de recursos simbólicos, que dicen todo sin que lo parezca, con una caligrafía fílmica exquisita y con una sorprendente economía narrativa que —como reconoce el propio Recha— debe mucho al límpido estilo literario de Josep Pla y a su idea, tomada de Stendhal, de que el secreto está en «pasar un espejo por el camino».
La riqueza formal del guión y de la puesta en escena —esta última, similar en muchos momentos a la empleada por el iraní Abbas Kiarostami en su obra maestra El sabor de las cerezas— se llenan de vida con el impecable trabajo interpretativo de todo el reparto, en el que cabe destacar al niño Blai Pascual, a través de cuya mirada inocente e imaginativa se dibujan los esbozos de vida real que constituyen la película. Con todo esto Recha logra una enorme densidad dramática, inspirada esta vez en dos películas: Toni (1935), de Jean Renoir, y La terra trema (1950), de Luchino Visconti. Desde la mirada humanizadora de esos dos maestros, Recha desarrolla su pudoroso y nada discursivo discurso, que no es más —ni menos— que una encendida llamada a la generosidad, la responsabilidad y el compromiso, como valores necesarios para dar sentido al trabajo, al amor de verdad, a las relaciones humanas...; a la vida, en definitiva. J.J.M.
Director: Marc Recha. Intérpretes: Pere Ponce (Andreu), Diana Palazón (Dolors), Jordi Dauder (Doctor Martí), Isabel Rocatti (Roser), Berna Llobell (Miquel), Blai Pascual (Ángel), Pep Cortés (Manolo), Miguel Ángel Romo (Tonet), Raúl Julve (Vicent). País: España. Año: 1998. Producción: Antonio Chavarrías, para Oberón Cinematográfica. Guión: Marc Recha. Música: Toti Soler. Fotografía: Miguel Llorens. Dirección artística: Isidre Terraza. Montaje: Ernest Blasi. Estreno en Madrid: 7-XI-98. Distribuidora cine: Lauren Films. Distribuidora vídeo: Lauren. Duración: 94 minutos. Género: Drama rural. Premios principales: Premio José Luis Guarner en el Festival de Sitges 1998. Premio de la Fipresci en el Festival de Locarno 1998. Público apropiado: Jóvenes-adultos. Contenidos específicos: S D. |