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We Were Soldiers 
Películas como Salvar al soldado Ryan o La delgada línea roja han iniciado un proceso revisionista del tratamiento fílmico de la II Guerra Mundial, en cuanto añaden el a veces obviado horror de cualquier guerra a la seguridad del cine de antaño de que se combatía por una causa justa. Ahora le toca el turno a la Guerra de Vietnam. Acostumbrados a personajes tarados, sobre los que pesan mil y un traumas, sorprende gratamente Cuando éramos soldados, una película que viene a recordar que el comportamiento heroico es posible en cualquier conflicto bélico. Incluso en aquél cuyas motivaciones de fondo son discutibles.
El material perfecto para este nuevo punto de vista lo proporciona We Were Soldiers Once… and Young, libro escrito al alimón por el teniente general ya retirado Harold G. Moore y el corresponsal de guerra Joseph L. Galloway. Ambos fueron protagonistas de una acción de guerra en la Zona de Rayos X, en el valle de Drang, y plasmaron sobre el papel su experiencia y la de los hombres con los que combatieron.
Randall Wallace, guionista de Braveheart y de Pearl Harbor —fallida seguramen-te por culpa de su torpe director, Michael Bay—, debutó como director con la entretenida El hombre de la máscara de hierro. Ahora filma con aplomo su historia bélica, y la insufla de un tono épico. Sin ocultar el horror —algunas escenas bélicas son sencillamente espeluz-nantes—, cala en la humani-dad de los combatientes, en su heroísmo cotidiano. Muestra cómo los soldados son personas normales, con familia, que se esfuerzan en vivir el espíritu de las viejas virtudes castrenses. Esto no quita para que haya muerte y destrucción por doquier, o momentos en que los nervios se rompen. Pero se evita el sadismo que se había conver-tido en "marca de la casa" del subgénero vietnamita.
Humanizar no significa dulcificar o suavizar el infier-no bélico. Es dar la "foto" completa. A ello ayuda una galería de interesantes personajes: desde el líder que cuida de sus hombres, como si fueran su segunda familia (Mel Gibson), al veterano brigada (Sam Elliott), el recién casado Jack (Chris Klein) o el periodista (Barry Pepper). Además Wallace tiene el acierto de mostrar el rostro del enemigo y el heroísmo de retaguardia, quizá no inferior al de los que están en la primera línea. El papel que se autoimpone Julie, la esposa de Moore (Madeleine Stowe) —comunicar a las familias la muerte de sus seres queridos—, no es, desde luego, una nadería. J.M.A.
Director: Randall Wallace. Intérpretes: Mel Gibson (Teniente Coronel Hal Moore), Madeleine Stowe (Julia Moore), Greg Kinnear (Major Bruce Crandall), Sam Elliott (Sargento Major Basil Plumley), Chris Klein (2º Teniente Jack Georghegan). País: Estados Unidos. Año: 2002. Producción: Jim Lemley y Arne Schmidt para Icon Entertainment International y The Wheelhouse. Argumento: Basado en el libro de Harold Moore y Joseph Galloway. Guión: Randall Wallace. Música: Nick Glennie-Smith. Fotografía: Deam Semler. Dirección artística: Kevin Kavanaugh. Montaje: William Hoy. Estreno en Madrid: 28-VI-02. Distribuidora cine y vídeo: Warner. Duración: 138 minutos. Género: Bélica. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: V+. |