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El Callejón de los Milagros 
Es la segunda vez en poco tiempo que el cine mexicano lleva a la pantalla una novela de Naguib Mahfuz. La anterior fue Principio y fin (1993), de Arturo Ripstein; su hermano Alfredo produce ahora ésta. Ambas trasladan lo que era ambiente social y humano de El Cairo —y de modo magistralmente creíble— a México D.F. Ambas presentan una visión parcial de unas vidas humanas, centrada en barrios periféricos —un callejón—, desamparadas, y marcadas por una especie de ciego destino. No en vano, Jorge Fons se ha apresurado a señalar sus diferencias con el universo angustiosamente trágico de Ripstein.
Hay en El Callejón de los Milagros humor y ternura; si esto es cierto, no lo es menos que, sobre todo, lo que hay, quien está presente, es Naguib Mahfuz: ese toque morboso, de regusto estético por la miseria y degradación humanas. En Ripstein se alcanzaban las grandes alturas de la tragedia griega; en Fons se bordean el melodrama costumbrista y hasta el folletín televisivo, pero la inteligente sobriedad del guión de Vicente Leñero y la matizada actuación de los actores evitan caer en el folletín melodramático: todo se mantiene dentro de una tesitura tragicómica, menos profunda, más amable, en la que, por tanto, quizá no fuera necesario —y tal vez desentone— un tan desgarrador desenlace. El aire teatral de esta película se hace especialmente presente en la torpe o mala resolución de las peleas y golpes.
No cabe en pocas líneas ni esbozar el argumento. Son tantas las historias entrecruzadas como los personajes: unos diez protagonistas. Una estructura cíclica vuelve y vuelve a los dos escenarios principales —casi únicos, e interiores—, donde se reúnen o viven todos y, cada vez que se pasa por esos lugares, aun repitiendo algún aspecto general, se pone un acento distinto, que subraya la historia particular de uno de esos personajes.
Una bien resuelta película de dos horas y veinte minutos, que no pesa como relato —novela en imágenes—, pero sí deja un poso amargo la calidad de unas vidas aplastadas por la obsesión del sexo y el dinero sin apenas otro horizonte, un enrarecido y denso ambiente —creado más con palabras y sugerencias que con hechos— en el que el amor es aniquilado o apenas sobrevive con su tímida presencia doliente. P.A.U.
Director: Jorge Fons. Intérpretes: Salma Hayek (Alma), Ernesto Gómez Cruz (Don Ru), María Rojo (Doña Cata), Bruno Bichir (Abel), Juan Manuel Bernal (Chava), Margarita Sanz (Susanita), Delia Casanova (Eusebia), Daniel Jiménez Cacho (José Luis). País: México. Año: 1994. Producción: Alfredo Ripstein Jr., para Alameda Films, Imcine, Fondo de Fomento a la Calidad Cinematográfica y Universidad de Guadalajara (México). Argumento: La novela homónima del premio Nobel de literatura Naguib Mahfuz. Guión: Vicente Lereño. Música: Lucía Alvarez. Fotografía: Carlos Marcovich. Montaje: Carlos Savage. Estreno en Madrid: 17-XI-95 (Bristol, Palacio de la Prensa, Renoir). Distribuidora cine: Prime Films / Alta Films. Duración: 140 minutos. Género: Drama. Premios principales: Mención especial del Jurado en el Festival de Berlín 1995. Premio del Público en el Chicago Film Festival 1995. Espiga de Plata al mejor actor (Bruno Bichir), en el Festival de Valladolid 1995. Goya 1995 a la mejor película extranjera de habla hispana. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: V X D. |