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King Arthur 
El director de Training Day y Lágrimas al sol pilota una líbérrima versión del mito artúrico, con un guión de David Franzoni, que ya había escrito dos guiones para sendas películas históricas de gran presupuesto: Gladiator y Amistad. Antoine Fuqua (Pittsburg, 1966) ha hecho muchos clips musicales, anuncios y trailers de películas. Al productor, Jerry Bruckheimer (Piratas del Caribe, Black Hawk derribado) le atrajo la idea de contratar a un director capaz de aligerar de romanticismo la leyenda artúrica para conferir a la historia un sello de oscura y realista historicidad turbulenta, tipo Grupo salvaje, un recurso muy de moda en buena parte del cine bélico contemporáneo.
Los historiadores han sostenido durante años que la historia del Rey Arturo era solo un mito, pero dicen con una audacia bastante risible Fuqua, Franzoni y Bruckheimer la leyenda se basaba en un héroe real, dividido entre sus ambiciones personales y su sentido del deber. Se trataría de Lucius Arturus Castus, un general romano nacido en Britania, perteneciente a la estirpe de los sármatas, unos increíbles jinetes rusos que fueron reclutados por Marco Aurelio. Tras vencerles en una batalla en Viena en el 175 d.C, les obligó a elegir entre luchar a las órdenes de Roma o morir. La caballería sármata fue enviada a Egipto y Britania. En Britania, mantendrán a raya a los feroces sajones que acechaban la muralla de Adriano.
El ejército de Castus, que contaba en sus filas con Lancelot, Gawain, Galahad, Bors, Tristán y Dagonet, destacaba por su dureza y crueldad. Por ese motivo eran odiados y temidos por los nativos woads, que estaban al mando de un misterioso mago que dirigía la guerrilla y respondía al nombre de Merlín, al que acompañaba una bella y aguerrida joven, Ginebra.
En el siglo V d.C el esplendor de Roma comienza a desvanecerse, el Imperio se derrumba. Las hordas bárbaras atacan las lindes del vasto imperio. En Gran Bretaña, los sajones se preparan para iniciar su ataque desde el norte y el este. En ese momento, un obispo es enviado desde Roma para encomendar a Arturo y sus caballeros sármatas una última misión, que les proporcionará la tan ansiada carta de libertad que les permitirá volver a Sarmacia.
Fuqua arranca con vigor y vistosidad su historia, que tiene un aire muy similar al de Gladiator, con niebla, barro, y discursos heroicos (ya saben, hermanos, libertad, fuerza y honor). A medida que la cinta avanza se va notando la escasa entidad de los personajes, que es sin duda el lastre más pesado de una película con momentos muy logrados. No deja de ser llamativo el sorprendente peso de la Iglesia católica en la dirección política del Imperio, una fantasía delirante que llega a cotas elevadísimas al aventurar el pelagianismo de Arturo y su evolución hacia el chamanismo al ser eliminado por el Papa el tal Pelagio, que defendía una libertad que la jerarquía católica consideraba peligrosa (Pelagio, para el que le interese, fue un monje católico inglés contemporáneo de San Agustín y San Jerónimo, que defendía en clave voluntarista línea dura que la gracia no era necesaria para salvarse ya que no existió el pecado original). La verdad es que uno empieza a pensar que estas movidas de los productores judíos Bruckheimer lo es dando caña con ocasión y sin ella a todo lo católico es una especie de plaga. Conviene aclarar que el principal asesor histórico del guión de Franzoni es un tal Edwards, un escritor inglés que viene a ser un J.J. Benítez de la vida, aficionado a la cábala, los marcianitos y las historias secretas sobre los hijos de Jesús y demás parafernalia...
En la parcela interpretativa, todos cumplen, con mérito especial de Keira Knightley, que tiene que apechugar con una Ginebra siempre crispada y a ratos vampiresa desmelenada. A.F.
Director: Antoine Fuqua. Intérpretes: Clive Owen (Arturo), Keira Knightley (Ginebra), Ioan Gruffudd (Lancelot), Hugh Dancy (Galahad), Joel Edgerton (Gawain), Mads Mikkelsen (Tristan), Ray Stevenson (Dagonet), Ray Winstone (Bors). País: Estados Unidos. Año: 2004. Producción: Jerry Bruckherimer, para Jerry Bruckheimer Films y Touchstone Pictures. Presentada por: Touchstone. Guión: David Franzoni. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Slawomir Idziak. Dirección artística: Dan Weil. Montaje: Conrad Buff, Jaime Pearson. Estreno en Madrid: 13-VIII-04. Distribuidora en cine: Buena Vista. Distribuidora en vídeo y DVD: Touchstone. Duración: 130 minutos. Género: Drama. Público adecuado: Adultos. Contenidos especiales: V S |