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Vera Drake 
A través de películas como Secretos y mentiras y Todo o nada, el británico Mike Leigh se convirtió en uno de los más destacados representantes del nuevo cine social europeo, inicialmente autocrítico con su inspiración marxista y abierto a realidades hace años consideradas reaccionarias por sus activistas, como la familia o la religión. Sin embargo, ahora ha seguido los pasos de su camarada Ken Loach en Sólo un beso, y retorna a su tono más ideológico y sectario en El secreto de Vera Drake, tramposa apología del aborto libre y gratuito, disfrazada con vistoso traje de drama de época. La película ganó el León de Oro y la Colpa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Venecia 2004, y ahora es candidata a tres Oscars: mejor director, actriz y guión original.
El guión sigue los pasos de Vera Drake, una sacrificada ama de casa, esposa amante, solícita madre de un hijo y una hija ya mayores, y generosa voluntaria en la atención de diversos enfermos y necesitados. Su admirable y pacífica existencia da un vuelco radical cuando los policías que investigan la grave afección de una joven piden cuentas a Vera de una dedicación suya, totalmente desconocida por sus familiares y amigos. Y es que Vera ayuda a «chicas con problemas, que quieren normalizar su ciclo menstrual». O sea, que las ayuda a abortar, introduciéndoles por la vagina agua jabonosa, letal para los fetos, que mueren abrasados y son expulsados poco a poco en los días siguientes.
Resultan tramposos los idílicos perfiles del marido y los hijos de Vera, que admiran su solidaridad y no se enteran de sus andanzas abortivas. Son también tramposos los rasgos encantadores de los policías que investigan a Vera, aparentemente pesarosos por tener que aplicar una ley obsoleta a alguien tan maravilloso. Son excesivos los retratos de esas mujeres liberadas, y seguramente de buena posición, que se aprovechan de la candidez de Vera y se forran con sus desinteresados servicios sociales. Son irreales esas ricas familias que solucionan los problemillas de sus chicas tirando de talonario y recurriendo a buenos médicos y psiquiatras sin prejuicios. Y, desde luego, es descaradamente falso el retrato de Vera Drake, una mujer maravillosa y hasta piadosa, columna vertebral de su familia y de otras muchas, que nunca se plantea dudas de conciencia respecto a su actividad y que pasa sin paradas intermedias de la firmeza resolutiva de un ejecutivo de Wall Street a la postración lastimera de un perrito apaleado. Son tramposas en fin, su sórdida visión de las familias numerosas y la ausencia total de cualquier referencia a las religiones organizadas, como si no existieran, o como si sus argumentos no fueran aplicables a ese silencioso genocidio contemporáneo al que la película nunca llama por su nombre. De modo que las indudables calidad y emotividad de la puesta en escena de Leigh, y de su sobresaliente dirección de actores quedan en nada, pues sirven a un guión manipulador y tendencioso, aunque tan sutil que deja a Amenábar y a su Mar adentro en rudos agitadores o en toscos aprendices de brujo. J.J.M.
Director: Mike Leigh. Intérpretes: ImeldaStaunton (Vera Drake), Phil Davis (Stan), Richard Graham (George), Eddie Marsan (Reg), Anna Keaveney (Nellie), Alex Kelly (Ethel), Daniel Mays (Sid). País: Gran Bretaña-Francia. Año: 2004. Producción: Simon Channing-Williams para Les Films Alain Sarde, Studio Canal. Guión: Mike Leigh. Fotografía: Dick Pope. Diseño de producción: EveStewart. Dirección artística: Ed Walsh. Montaje: Jim Clark. Estreno en Madrid: 25-II-05. Distribuidora cine: Vértigo Films. Distribuidora vídeo: DeAPlaneta (SAV). Duración: 124 minutos. Género: Drama. Público adecuado: Adultos. Contenidos especiales: VS D. |