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Phörpa 
Quizá perplejos ante el hundimiento de sus viejas utopías marxistas, o hastiados por la crisis moral de las sociedades occidentales, destacados cineastas y actores —la mayoría de ellos, de formación católica— se apuntaron en los años 90 del siglo XX a la moda del budismo, cuyo camino medio entre hedonismo y rigorismo resultaba mucho más cómodo y con menos exigencias éticas que cualquier religión. Fruto de esa budomanía fueron películas como El cielo y la tierra, de Oliver Stone; Pequeño Buda, de Bernardo Bertolucci; Siete años en el Tíbet, de Jean-Jacques Annaud; o Kundum, de Martin Scorsese. Todas ellas daban una visión idílica y parcial del budismo, que era presentado como una cultura y una filosofía casi sin mancha. Tal visión ingenua es totalmente revisada en La copa, la primera película producida en Bhutan —pequeño estado soberano al norte de la India, entre Nepal y Tíbet— y el debut como guionista y director de Khyentse Norbu (1961), uno de los más importantes lamas reencarnados de la Tradición Budista Tibetana y admirador ferviente —según él mismo reconoce— de Yasujiro Ozu, Andrei Tarkovski y Satyajit Ray.. Le ha financiado la película Jeremy Thomas, el productor habitual de Bertolucci.
Inspirado en hechos reales, el guión se desarrolla en el Monasterio budista de Chokling, un asentamiento de refugiados tibetanos al pie del Himalaya. Hasta allí llegan dos chavales que han huido de la dominación comunista del Tíbet. El más pequeño de ellos, Lodo, se hace muy amigo de otro jovencísimo novicio, Orgyen, un chaval espabilado y divertido, fan incondicional de Ronaldo, y cuya máxima ilusión es ver el Mundial de Fútbol en la televisión de un pueblo cercano. Sus clandestinos esfuerzos cuajan en varias escapadas nocturnas, que pronto levantarán las sospechas de Geko, el duro responsable de la disciplina del monasterio. Las inquietudes de éste serán aliviadas por el sabio y compasivo abad del monasterio.
Acostumbrado a tanta reverencia solemne hacia el budismo, sorprende muy gratamente esta comedia, que lo desmitifica y lo humaniza al paso que resalta sus valores morales —relacionados sobre todo con el autodominio del cuerpo, los sentidos y las pasiones— y su esfuerzo por adaptarse a los nuevos tiempos. Su tono amable, desenfadado y divertido recuerda al cine costumbrista español de los años 50, del estilo de Marcelino, Pan y Vino o Historias de la radio. Como en él, también aquí hay numerosos personajes entrañables, sencillas situaciones divertidas y sutiles críticas sociales, que afrontan desde la ocupación china del Tíbet al proverbial carácter comercial de los indios, pasando por divertidas autocríticas a las propias costumbres budistas. Todo esto se expone a través de un guión sencillo pero jugoso, unas interpretaciones naturalísimas —ninguno de los actores es profesional— y una fluida puesta en escena, que ofrece una bella fotografía, una sugestiva planificación y un montaje muy atrevido. Redondea el producto una original banda sonora, plagada de reiterativas canciones budistas y con un par de bonitas canciones populares tibetanas. J.J.M.
Director: Khyentse Norbu. Intérpretes: Jamyang Lodro (Orgyen), Nten Chokling (Lodo), Orgyen Tobyal (Geko), Lama Chonjor (Abbot), Godu Lama (Viejo Lama), Thinley Nudi (Tibetano Layman), Kunsang Nyima (Palden), Pema Tshundup (Nyima) y Dzigar Kongtrul (Maestro Vajra). País: Bután-Australia. Año: 1999. Producción: Raymond Steiner, Maree Tenzin-Steiner, Patrick Jaquelin, Glenn Fawcett, Pema Wangchuck y Malcolm Watson para Coffee Stain y Palm. Guión: Khyentse Norbu. Música: Douglas Mills y Philip Beazley (música adicional). Fotografía: Paul Warren. Montaje: John Scott. Estreno en Madrid: 04-IV-03. Distribuidora cine: Sherlock Films. Distribuidora de vídeo: Sherlock Films. Duración: 93 minutos. Género: Comedia. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: —. |