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The Skeleton Key 
De alguna manera, el auge actual del terror sobrenatural viene a confirmar aquella lúcida idea de Chesterton: «Cuando la gente no cree en Dios, no es que no crea en nada, es que se cree cualquier cosa». Así lo vuelve a mostrar La llave del mal, una angustiosa película de terror, de potente reparto y con el esoterismo sureño como tema. Con ella consolida su carrera en Hollywood el londinense Iain Softley, director hasta ahora de películas variadas y sólo correctas, como Backbeat, Hackers: piratas informáticos, K-Pax: un universo aparte o Las alas de la paloma.
La protagonista es Caroline, una joven y aguerrida enfermera de Nueva Orleans, que atiende pacientes terminales desde que su padre murió solo y desamparado. Harta de las faltas de delicadeza de los hospitales hacia los enfermos graves, Caroline acepta un trabajo para cuidar a Ben, un anciano mudo y paralítico que habita una mansión perdida en mitad de los pantanos y las ciénagas del sur de Louisiana. Allí vive también Violet, la esposa de Ben, una anciana hosca y misteriosa, chapada a la antigua. Caroline descubre pronto que al anciano le pasa algo raro, y que tiene que ver con las leyendas locales en torno al Hoodoo, un ancestral ritual de brujería y magia negra. En el desván de la desvencijada mansión hay precisamente un salón de Hoodoo, en el que se oculta el sangriento pasado de la casa.
Para poder entrar en cualquier película de terror hay que asumir ciertas convenciones, a veces singulares y hasta ridículas. En ésta, el guionista Ehren Kruger —autor de las dos entregas hollywodienses de The Ring y de la notable intriga Arlington Road— mantiene hábilmente el suspense sobre si la película es realista o fantástica gracias a esa idea psicologista, repetida por Caroline, de que, «si uno cree, todo lo que teme se hace real». De este modo, además, sortea un posible enfrentamiento directo entre magia negra y religión, aunque a la postre asume un planteamiento más bien esotérico y pagano, cercano al de Los Otros, de Alejandro Amenábar. Más interés tiene la motivación dramática de la chica, que critica certeramente la insensibilidad de tanta gente ante la vejez y los enfermos terminales, y elogia el enorme valor de los cuidados paliativos.
En cualquier caso, Softley imita correctamente al maestro Hitchcock, crea una amenazadora atmósfera gótica, saca partido a las inquietantes localizaciones donde ha rodado, dosifica bien los sustos y dirige con vigor al excelente reparto, en el que destaca Ka te Hudson, convincente y natural en todo momento. Capítulo aparte merece la banda sonora de Edward Shearmur, que ofrece un abigarrado cóctel de gospel, blues, zydeco y hip-hop. Queda así una buena película de terror, a la que sólo cabe reprochar un exceso de violencia en su recta final y alguna leve concesión exhibicionista bastante boba. J.J.M.
Director: Iain Softley. Intérpretes: Kate Hudson (Caroline Ellis), Gena Rowlands (Violet Devereaux), John Hurt (Ben Devereaux), Peter Sarsgaard (Luke), Joy Bryant (Jill), Maxine Barnett (MamaCynthia), Fahnlohnee Harris (Hallie). País: EE.UU. Año: 2005. Producción: Daniel Bobker, Iain Softley, Michael Shamberg y Stacey Sher, para Shadowcatcher Entertainment y Double Feature Films. Presentada por: Universal Pictures. Guión: Ehren Kruger. Música: Edward Shearmur. Fotografía: Dan Mindel. Dirección artística: John Beard. Montaje: Joe Hutshing. Estreno en Madrid: 29-VII-05. Distribuidora cine: UIP. Distribuidora vídeo: Universal. Duración: 104 minutos. Género: Terror. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: V+ S D. |