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Night Falls on Manhattan 
Después de varios años de trabajos interesantes pero discretos (Un lugar en ninguna parte, A la mañana siguiente, El abogado del diablo), el veterano Sidney Lumet, de 72 años, recupera en La noche cae sobre Manhattan —su largometraje número 40— el vigor visual, la firme dirección de actores y la hondura de tratamiento de sus mejores películas: Doce hombres sin piedad, Network. Un mundo implacable, Tarde de perros y Veredicto final. La clave quizá esté en que ha vuelto, actualizándola, a la fórmula en que es un maestro: el thriller judicial con fuertes dilemas morales, ambientado además en su ciudad: Nueva York.
El propio Lumet define su película —basada en la novela Tainted Evidence, de Robert Daley— como un melodrama moral, y ya desde su primera secuencia hace honor a ese calificativo. Un duro instructor deja las cosas bien claras a los aspirantes a ayudantes del fiscal del distrito de Manhattan, jóvenes recién licenciados, ingenuos y seguramente ambiciosos; el ejercicio de la justicia en Nueva York —les dice— no es nada fácil y lleva consigo muchos riesgos y presiones. Uno de esos novatos es Sean Casey (Andy García), un ex policía idealista y honrado, que ha logrado acabar la carrera de Leyes con mucho esfuerzo. Su ilusión por acabar con la corrupción y el crimen se ve compensada cuando, al poco de entrar en la fiscalía, le encargan instruir un caso importante que puede llevar a la cárcel al principal capo neoyorquino de la droga. Se trata de un violento afroamericano que antes de ser detenido asesinó a dos policías y dejó malherido al propio padre de Sean Casey, Liam (Ian Holm), un veterano agente a punto de retirarse. El caso eleva el prestigio de Sean, que acaba sustituyendo al propio fiscal de distrito. Desde su nueva posición, marcada por los compromisos políticos, comprende que la corrupción policial denunciada por los abogados del capo (Richard Dreyfuss y Lena Olin) no era falsa. Sus nuevas indagaciones le enfrentan a un difícil dilema, en medio del que está su propio padre.
Lumet describe sobre el papel y recrea en imágenes este poderoso entramado de conflictos morales con una gran seguridad. Sobre todo, ha logrado plenamente lo más díficil: una magnífica galería de personajes, todos ellos dotados de una gran entidad dramática y encarnados con apabullante convicción por un reparto espléndido, en el que sobresale Andy García, en una de sus mejores interpretaciones. La cámara de Lumet mima a los actores y les permite desarrollar sus personajes sin ralentizar el ritmo, que a veces es realmente frenético. Es en este punto donde se aprecia el oficio y el talento de Lumet, que pone al servicio de lo importante —la historia y los personajes—, el puro despliegue técnico: la contrastada fotografía de David Watkin, la sobria partitura de Mark Isham, el soberbio montaje de Sam O’Steen... Esta subsidiariedad de lo formal, sin embargo, no impide que muchas secuencias —la espectacular redada contra el capo, las conversaciones en la sauna entre Andy García y Richard Dreyfuss...— tengan una planificación magistral y una fuerza visual enorme. Tarantino y compañía deberían aprender de Lumet cómo se puede retratar la violencia sin excesos, sobriamente, y sin perder un ápice de dramatismo.
En los espinosos conflictos planteados, Lumet huye certeramente del maniqueísmo hasta situarse en esa incómoda zona de tonos grises que marca la existencia de tantas personas: todos tenemos los pies de barro —parece decirse—, y a veces no es fácil delimitar lo legal y lo justo. Frente a las actitudes cínicas u oportunistas que esta evidencia puede suscitar, Lumet asume la objetividad de la moral y el papel de la providencia divina —el famoso "En Dios confiamos" ("In God We Trust") que preside los tribunales norteamericanos—, para abogar decididamente por el compromiso esforzado con la verdad y con la propia integridad. Y es que esas reflexiones, críticas pero ponderadas, que plantea Lumet sobre la ética en la justicia, la política o la labor policial no son simples aderezos serios de la acción, sino su misma razón de ser, su principal impulso. J.J.M.
Director: Sidney Lumet. Intérpretes: Andy García (Sean Casey), Richard Dreyfuss (Sam Vigoda), Lena Olin (Peggy Lindstrom), Ian Holm (Leam Casey), Ron Leibman (Mergenstern), James Gandolfini (Joey Allegretto), Colm Feore (Harrison), Shiek Mahmud-Bey (Jordan Washington). País: Estados Unidos. Año: 1997. Producción: Thom Mount y Josh Kramer, para Mount/Kramer. Presentada por: Spelling Films. Argumento: La novela Tainted Evidence, de Robert Daley. Guión: Sidney Lumet. Música: Mark Isham. Supervisor musical: Danny Branson. Fotografía: David Watkin. Dirección artística: Philip Rosenberg. Montaje: Sam O’Steen. Estreno en Madrid: 21-III-97. Distribuidora cine y vídeo: U Films / Filmax. Duración: 105 minutos. Género: Thriller dramático. Premios principales: Premio Alfa y Omega 1997 a los valores morales. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: V S D. |