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The Proprietor 
Ya del proceso de la película se cuenta que al dar el guión (de Jean-Marie Besset) a la actriz Jeanne Moreau, ésta dijo «que no funcionaría». El norteamericano George Trow rehízo lo concerniente a los personajes norteamericanos (la película se desarrolla en Nueva York y en París), intervino la famosa Ruth Prawer Jhabvala, y el mismo Merchant...; y el guión, a la vista del resultado de la película, tampoco ha funcionado.
Tal vez tampoco la elección de actores sea la adecuada: Jeanne Moreau no encaja como la mujer del mucho más joven Christopher Cazanove, y la galante admiración de los jovencitos por ella resulta aún más increíble.
Pero la grieta está en la indefinición del personaje de Jeanne Moreau: que en cada aparición la famosa actriz luzca un nuevo vestido de firma con nuevos complementos y distinto peinado hace casi imposible creer que su personaje sufre, o que hay en él algo de mundo interior. Su presencia se convierte en un pase de modelos. ¡Todos los actores y actrices hacen en la película pase de modelos!, sean pobres o ricos, jóvenes o viejos, norteamericanos o franceses... Aunque la gran grieta, el agujero negro, está sobre todo en la indefinición del tema, tantas veces diluido en subtemas que le quitan su poca fuerza y alargan la película en casi dos horas innecesarias.
Adrienne Mark (en realidad Markowsky) es una escritora francesa, judía de origen polaco, que huyó de niña de la persecución nazi a Estados Unidos, se estableció allí, y allí vive y escribe en inglés, y alcanza un extraordinario éxito internacional y dinero. En el cenit de su fama y madurez (y aquí se falsean indebidamente los años), dice no conocer ya el país donde ha vivido, y decide volver al París de su infancia, donde además quiere comprar —está en subasta— el piso que fue de su madre y de su amante.
La película fluctúa, y lo que es peor, no ahonda, entre ese sentirse extraño —en los umbrales de la vejez debería decirse— en un país que cambia, y el deseo de volver a las raíces y recuerdos familiares e infantiles. Superficial, se dispersa con la subasta, con una nueva adaptación fílmica de su más popular novela, con la historieta de un joven periodista norteamericano que la sigue hasta París, con la historia de amor del hijo de su antiguo amante y la productora norteamericana, con la reconciliación de su ex marido, con una anécdota de racismo parisino... Y, así, queda casi todo en un muestrario —como está dicho— de vestidos y trajes, bien llevados por buenos actores, de lujosos apartamentos, de paisajes urbanos para el turismo, y un flash back constante que muestra a la madre de Adrienne, modista de alta costura en los años 40, que la llama en sueños, y la consuela; pero no se acaba de mostrar cuál es el desconsuelo de la indefinida Adrienne Mark/Jeanne Moreau, que, me parece a mí, tenía que haberse atenido a su primera intuición —«no funcionará»— y no haber aceptado ese papel mojado, que ni ella ha podido levantar.
A pesar de la amoralidad que caracteriza al grupo de personajes, el esteticismo de Ismail Merchant le lleva a disimular que sólo le mueve el dinero y el placer, aunque no lo muestre. P.A.U.
Director: Ismail Merchant. Intérpretes: Jeanne Moreau (Adrienne Mark), Josh Hamilton (William O’Hara), Christopher Cazenoe (Elliot Spencer), Sean Young (Virginia Kelly), Marc Tissot (Patrice Legendre), Nell Carter (Milly), Austin Pendleton (Willy Kunst), Sam Waterston (Harru Bancroft), Jean-Pierre Aumont (Franz Legendre), Jean-Yves Dubous (Fan-Fan), Pierre Vaneck (Raymond T.K.), Charlotte de Turckheim (Judith Mark). País: Francia/Estados Unidos. Año: 1997. Producción: Humbert Balsan, Donald Rosenfield, para Merchant Ivory Productions. Guión: Jean-Marie Besset y George Trow. Música: Richard Robbins. Fotografía: Larry Pizer. Dirección artística: Bruno Santini, Kevin Thompson. Montaje: William Webb. Estreno en Madrid: 21-VIII-98. Distribuidora cine: Manga / Sherlock Media. Distribuidora vídeo: Manga. Duración: 110 minutos. Género: Comedia dramática. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: S. |