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The Rainmaker 
Rudy, un joven de baja extracción social, acaba de concluir la carrera de Derecho. No le resulta fácil encontrar un despacho donde comenzar el ejercicio profesional como abogado. Hasta que llega la oportunidad en uno de dudosa fama, en el que empieza a llevar varios casos con la inestimable ayuda de Deck, un charlatán que acabó sus estudios con varios años de retraso, y que no ha superado el examen necesario para ejercer en los tribunales.
Enésima adaptación de una novela de John Grisham, aunque en esta ocasión con padrino de excepción: Francis Ford Coppola, que firma el guión y dirige. Aunque el material que maneje suene a mil veces visto, su soltura como narrador y transmisor de ideas consiguen una película más que aceptable. Por una parte, sabe hacer un retrato atractivo del joven idealista (rainmaker en el título original, brujo capaz de hacer llover pese a su inexperiencia) que, como moderno don Quijote, trata de deshacer los entuertos de sus humildes clientes. Le acompaña en sus andanzas un moderno Sancho Panza (genial Danny DeVito), que aporta el contrapunto cómico y del sentido común. No falta la hermosa Dulcinea, una joven maltratada brutalmente por su marido, a la que Rudy representa y de la que se enamora. Ni los gigantes —que al final son, no podía ser de otra manera, simples molinos de viento—, en forma de abogados deshumanizados, representantes de una todavía más deshumanizada compañía de seguros, que rehúsa costear el tratamiento de un joven con leucemia.
Coppola ha sabido rodearse de un grupo de actores maravilloso. Es quizá el casting de la película uno de los mejores de los últimos tiempos. Igual rescata a una actriz de la era dorada de Hollywood, como Teresa Wright, que da un gran papel a Jon Voight, o concede pequeñas partes a Danny Glover, Mickey Rourke... Por no hablar de los ajustados protagonistas. Además, imprime a la película un agilísimo ritmo narrativo. Con su montador, Barry Malkin, consigue que no sobre un fotograma, proporcionando todas las piezas de un rompecabezas que se encuadra en los clásicos dramas judiciales. Y recurre a sus habituales montajes paralelos, muy efectivos, por ejemplo cuando Rudy y Deck deciden abrir despacho por su cuenta. También resuelve bien el único momento violento de la película; puede más el brioso montaje que lo que se ve (o más bien debería decir lo que no se ve).
Aunque el film puede ser más impersonal que otros del director, sabe arrimarlo a su terreno. Su omnipresente referencia a la familia no falta: se toca en la unión entre el joven enfermo y sus padres (abnegada madre y padre tarado por secuelas de guerra), la de Rudy con sus clientes o con el fiel Deck; y resalta por contraste un matrimonio desgraciado y esa empresa con una legión de abogados pero sin un ápice de preocupación por el cliente o sus empleados. El poder, otro de sus temas favoritos, resulta no ser tan poderoso como se pensaba. Y es que, en el fondo, grandes o pequeños, todos tenemos los pies de barro. J.M.A.
Director: Francis Ford Coppola. Intérpretes: Matt Damon (Rudy Baylor), Danny DeVito (Deck Schifflet), Claire Danes (Kelly Riker), Jon Voight (Leo F. Drummond), Mary Kay Place (Dot Black) Mickey Rourke (Bruiser Stone), Dean Stockwell (Juez Harvey Hale), Teresa Wright (Miss Birdie), Virginia Madsen (Jackie Lemancyzk), Andrew Shue (Cliff), Roy Scheider (Wilfred Keeley), Danny Glover (Juez Tyrone Kipler). País: Estados Unidos. Año: 1997. Producción: Michael Douglas, Stephen Reuther y Fred Fuchs, para Douglas/Reuther, American Zoetrope y Constellation Films. Presentada por: Paramount Pictures. Argumento: La novela homónima de John Grisham. Editorial: Planeta. Guión: Francis Ford Coppola. Música: Elmer Bersntein. B.S.O.: Hollywood Records. Fotografía: Jon Toll. Dirección artística: Howard Cummings. Montaje: Barry Malkin. Estreno en Madrid: 18-III-98. Distribuidora cine: UIP. Distribuidora vídeo: CIC. Duración: 135 minutos. Género: Drama judicial. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: V D. |