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Algún día serán famosos

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Más allá de los sueños PDF Imprimir E-mail

What Dreams May Come

Decía André Malraux que «el siglo xxi será religioso o no será». Lo que no concretó es qué entenderá por religión la gente del nuevo siglo. La cosa no parece clara. Al menos así lo pone de manifiesto Más allá de los sueños, del neozelandés Vincent Ward (Vigil, Navigator, Mapa del sentimiento humano), avanzadilla de un nuevo despliegue de películas que se acercan a las realidades espirituales de un modo ecléctico y sentimental. Ya dio el primer aviso City of Angels, la versión made in USA de Cielo sobre Berlín, de Wim Wenders; y poco a poco irán llegando Prácticamente magia, Meet Joe Black, Holy Man, Himalaya...

Todas estas películas comparten al menos tres significativas notas comunes: afán por recuperar la dimensión espiritual del hombre frente al depresivo materialismo occidental; renuncia a la plena ortodoxia de las grandes religiones tradicionales en favor de la integración de sus elementos principales con ideas New Age, esotéricas o psicoanalíticas; y predominio casi absoluto de los sentimientos sobre la razón.

Más allá de los sueños responde plenamente a este esquema. El guión de Ron Bass —basado en una novela del famoso autor de ciencia-ficción Richard Matheson— describe el drama de Chris, un hombre maduro, profundamente enamorado de su esposa Annie, que también le corresponde. Ese amor es puesto a prueba cuando mueren en un accidente de coche los dos hijos adolescentes del matrimonio y, sobre todo, cuando fallece Chris en similares circunstancias. Desesperada, Annie, que ya había recibido tratamiento psiquiátrico, se suicida. Desde «su cielo», con la forma de los bellos cuadros que pintaba su esposa, Chris se lanza a rescatar a Annie del dantesco infierno de los suicidas. En su viaje, contará con la ayuda de una especie de ángel de la guarda y de un misterioso guía, experto en el infierno; dos personajes en los que se intenta reunir los caracteres de otros tipos fílmicos celestiales o escatológicos, desde El séptimo sello hasta City of Angels.

Cabe destacar las buenas interpretaciones, la original puesta en escena y, sobre todo, los espectaculares efectos especiales, los decorados y el vestuario, que recrean el Más Allá de un modo fascinante, plagado de sugestivas referencias a los grabados de Gustavo Doré y a las pinturas de El Bosco, Brueghel, Botticelli, Monet, Van Gogh o Caspar David Friedrich. A esto hay que añadir la hondura y el buen humor con que se afrontan el dolor y la muerte, un atractivo enfoque de la solidaridad
—«En realidad, somos para los demás», se dice—, y una visión decididamente positiva del matrimonio «para siempre» y de la confianza entre padres e hijos.

Sin embargo, todo este potencial visual y dramático se articula en una trama romántica convencional y empalagosa, de estructura confusa y con un fondo caótico en el que se mezcla la doctrina cristiana sobre el cielo, el purgatorio y el infierno con una cierta aceptación de la reencarnación, toques de ecologismo esotérico, fuertes acentos de idealismo subjetivista —se insiste en que «el pensamiento es la realidad, y la realidad física, pura ilusión», y una hipersentimental visión del poder redentor del amor, capaz de arrancar un alma de las penas eternas del infierno; si bien, por aquello de ser políticamente correctos —también con la ortodoxia—, dicha alma, en su locura, fue a parar allí por una decisión quizá no plenamente consciente. ?Y Dios? Pues, simplemente, «está allá arriba gritando de continuo su amor a los hombres, que no le escuchan». En fin, allá estará, pero nunca se le muestra, ni nadie habla con Él, ni se oyen sus gritos en toda la película.

Alguno considerará exagerado este análisis, por entender que la película sólo pretende entretener y emocionar. Pero esa interpretación no cuadra con la seriedad de las anteriores películas de Vincent Ward ni con el hecho de que Más allá de los sueños ha sido producida por una compañía denominada Metafilmics, fundada hace unos años por Stephen Simon y Barnet Bain con la finalidad expresa de hacer «exploración metafísica a través del cine». J.J.M.

Director: Vincent Ward. Intérpretes: Robin Williams (Chris Nielsen), Cuba Gooding Jr. (Albert), Annabella Sciorra (Annie), Max von Sydow (El guía), Jessica Brooks Grant (Marie), Josh Paddock (Ian). País: Estados Unidos. Año: 1998. Producción: Stephen Simon y Barnet Rain, para Interscope y Metafilmics. Presentada por: PolyGram. Argumento: La novela de Richard Matheson. Guión: Ron Bass. Música: Michael Kamen. B.S.O.: Polygram. Fotografía: Eduardo Serra. Dirección artística: Eugenio Zanetti. Montaje: David Brenner. Estreno en Madrid: 4-XII-97. Distribuidora cine: PolyGram. Distribuidora vídeo: PolyGram. Duración: 105 minutos. Género: Drama romántico-sobrenatural. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: —.

 

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