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The Boxer 
Película a película, el irlandés Jim Sheridan (Mi pie izquierdo, El prado, En el nombre del padre) se va consolidando como uno de los mejores directores y guionistas actuales. Para The Boxer, su cuarta película como director, Sheridan ha desempolvado una novela que escribió en los años ochenta, Leave the Fight to Barry McGuigan, inspirada a su vez en la historia real del boxeador irlandés Barry McGuigan, que ha colaborado en el film como asesor de boxeo. Ya el título de la obra en que se inspira —Dejadle la lucha a Barry McGuigan— anuncia que la película reflexiona a fondo sobre el sentido de la lucha por la independencia en Irlanda del Norte. Y, a la postre, en ella Sheridan da otro paso, esta vez mucho más nítido y comprometido, a favor del cese definitivo de la violencia.
El guión lo firman Sheridan y Terry George, este último co-guionista y director de En el nombre del hijo. Arranca en los títulos de crédito con toda una declaración de principios sobre la universalidad e implicaciones de la historia que va a describir. Las entremezcladas voces en off que se escuchan pertenecen a Bill Clinton, el primer ministro británico Tony Blair, el líder del Sinn Fein Gerry Adams y el líder norirlandés protestante Ian Paisley. Ese coro de voces acompaña la salida de la cárcel de Danny Flynn (Daniel Day-Lewis), un ex boxeador católico de 32 años que ha pasado los últimos 14 en prisión por pertenencia al IRA. Totalmente redimido, está dispuesto a abandonar para siempre la violencia y a recuperar el amor de su antigua novia, Maggie (Emily Watson). Ésta es hija de uno de los principales dirigentes moderados del IRA, está casada con un militante de la organización ahora en prisión y tiene un hijo adolescente involucrado ya en la lucha armada.
Nada más volver a su barrio de Belfast, y desoyendo los consejos de algunos antiguos camaradas, Danny pone en marcha sus dos propósitos. Así, rescata de las cloacas a su antiguo entrenador y reabre con él el gimnasio en que entrenaban: un club abierto a católicos y protestantes que rápidamente alcanza un gran éxito, sobre todo entre los jóvenes. A la vez, Danny vuelve a salir con Maggie, que se casó por compromiso y sigue queriéndole. El padre de Maggie, sumergido en unas delicadas negociaciones de paz, les deja hacer. Pero el sector duro del IRA ve con malos ojos ambos movimientos del ex boxeador, que ponen en peligro sus campañas a favor de la liberación de los presos y de intoxicación social de los protestantes. A esto se añade la perpleja actitud del hijo de Maggie, que no entiende la relación entre ella y Danny, mientras su padre sigue en la cárcel. De modo que la situación evoluciona hacia un peliagudo callejón sin salida.
Como puede apreciarse por la sinopsis de su argumento, la película afronta complejos problemas políticos, sociales y humanos, todos ellos con fuertes aristas dramáticas. Nada cabe reprochar al tratamiento que da el guión a los elementos político-sociales. Sheridan y George repasan con ponderación y meticulosidad cada uno de ellos, sin caer en ningún momento en el maniqueísmo o en la demagogia. Así, denuncian con valentía tanto el enfermizo e inútil recurso a la violencia del IRA, como la torpe instrumentalización política que la policía británica hace de la iniciativa deportiva de Danny. Además, sin ceder al ingenuo optimismo de ciertas películas made in USA ni al cínico pesimismo de ciertas películas europeas. No ocultan que la situación en Irlanda del Norte es muy difícil, de pesadilla, pero saben encontrar un pequeño pero luminoso resquicio para la esperanza.
Donde el guión hace agua es en el retrato de la relación sentimental entre Danny y Maggie, y en sus implicaciones morales y sociales. Para facilitarse las cosas, Sheridan y George aparcan en la cárcel al marido de Maggie y se olvidan de él, a la vez que perfilan al padre de la chica con una excesiva capacidad de comprensión. Con estas trampas, rebajan las implicaciones dramáticas del adulterio de Maggie y Danny, más en un ambiente fuertemente católico como el que se describe. De este modo, algunas situaciones resultan poco verosímiles y el personaje de Maggie queda bastante debilitado. Lo mismo le sucede al personaje del hijo de ésta, al que, en vez de atribuirle unas motivaciones político-paternales, que serían aceptables en el clima en que vive, se le asigna torpemente una motivación —el temor a perder a su madre—, que resulta muy artificiosa.
Estos defectos del guión afectan a algunas facetas de las interpretaciones, aunque, en términos generales, todas ellas, y sobre todo la de Daniel Day-Lewis, más contenido que nunca, son de altísima calidad. En el aspecto formal, Sheridan redondea el conjunto desplegando con maestría todos los elementos característicos de su estilo: constante recurso a las acciones paralelas y a los efectos de montaje; una rica planificación en la que integra a la perfección los momentos intimistas con los pasajes más discursivos, épicos o espectaculares; exquisito cuidado del desarrollo visual de todos los personajes; férrea dirección de actores; eficaz integración en las imágenes de la magnífica fotografía realista de Chris Menges —el oscarizado fotógrafo de Los gritos del silencio y La misión— y de la vibrante banda sonora de Gavin Friday y Maurice Seezer...
Todo esto hace que la trama se siga con pasión creciente hasta su sorprendente desenlance, y justifica que quepa incluir la película entre las mejores de Jim Sheridan. De todos modos, los defectos apuntados —que podrían haberse pulido con una revisión más exigente del guión— y quizá también una excesiva —aunque comprensible— contención visual de Sheridan en los pasajes más dramáticos, impiden que The boxer deje en el espectador la sensación de plenitud de En el nombre del padre, que, hoy por hoy, sigue siendo la obra maestra de Sheridan. J.J.M.
Director: Jim Sheridan. Intérpretes: Daniel Day-Lewis (Danny Flynn), Emily Watson (Maggie), Brian Cox (Joe Hammill), Ken Stott (Ike Weir), Gerard McSorley (Harry), Eleanor Methven (Patsy), Claran Fitzgerald (Liam), Kenneth Cranham (Matt Maguire). País: Irlanda-Estados Unidos. Año: 1998. Producción: Jim Sheridan y Arthur Lappin, para Hell’s Kitchen. Presentada por: Universal Pictures. Argumento: Basado en la novela Leave the Fight to Barry McGuigan, de Jim Sheridan, inspirada a su vez en la historia real del boxeador irlandés Barry McGuigan. Guión: Jim Sheridan y Terry George. Música: Gavin Friday y Maurice Seezer. Supervisor musical: Alex Steyermark. B.S.O.: MCA. Fotografía: Chris Menges. Dirección artística: Brian Morris. Montaje: Gerry Hambling. Asesor de boxeo: Barry McGuigan. Estreno en Madrid: 20-II-98. Distribuidora cine: UIP. Distribuidora vídeo: CIC/Universal. Duración: 113 minutos. Género: Drama político-social. Premios principales: Premios Alfa y Omega 1998 al mejor director y actor (Daniel Day-Lewis). Público apropiado: Jóvenes-adultos. Contenidos específicos: V D. |