Salvoconducto 
Para sopesar esta monumental película de Bertrand Tavernier es muy conveniente repasar la historia de la Francia ocupada durante la II Guerra Mundial, y en particular las peripecias del cine galo durante esa difícil tesitura. Continental Films, la productora alemana dirigida por el Doctor Greven —nombrado por Goebbels—, que produce películas en Francia desde 1940, es un reflejo del dilema al que se enfrentan todos los franceses: ¿Es legítimo seguir trabajando como si no hubiese cambiado nada, "entre los dientes del lobo, donde no te puede morder?". ¿O hay que negarse a colaborar y abandonar el país?
Tavernier ha bebido de las memorias de dos cineastas franceses que adoptaron posturas distintas ante el dilema descrito. El primero, Jean Devaivre —un fantástico Jacques Gamblin, justamente premiado en Berlín 2002 con el Oso de Plata al mejor actor—, ayudante de dirección, se incorpora a la Continental mientras es miembro activo de la Resistencia. El otro, Jean Aurenche (Denis Podalydès), es un bohemio guionista con alma de poeta que lucha por rechazar las ofertas de trabajo de los alemanes. Alrededor de estos dos hombres, decenas de personajes, sumisos y rebeldes, hacen películas y viven la guerra a su manera.
La calidad técnica y artística de Tavernier vuelve a rayar la perfección, con secuencias —el bombardeo del Maternal, el accidentado vuelo a Inglaterra, los rodajes...— de un poderío narrativo que el cine norteamericano consigue muy de tarde en tarde. Algún día se estudiará el excepcional diseño de producción de Salvoconducto. Tavernier ha optado por un metraje desmesurado —tres horas— y demasiadas tramas que se revuelven contra la solidez de una película que debía haber sido más sintética y menos reiterativa. Con todo, es inevitable rendirse ante la maestría del director de Hoy empieza todo, su obra más acabada y conmovedora. El reparto brilla a gran altura, gracias a los vivísimos diálogos escrito por Jean Cosmos, que sabe urdir situaciones enormemente conmovedoras que escapan siempre de la linealidad, la vulgaridad o la sensiblería.
La película ha dividido a la crítica francesa, como ya ocurrió con La inglesa y el duque, sublime película de otro cahierista, Eric Rohmer. Un sector no le ha perdonado a Tavernier su voluntad de rodar sin prejuicios ideológicos; el otro, se lo ha agradecido. Me hizo gracia el comentario de un colega: "Si los cineastas españoles tratasen nuestra guerra civil con la inteligencia de Tavernier, tendríamos inteligencia para llenar los trenes de la Renfe y varios aviones de Iberia".
Citando a Manet, señala Tavernier en una interesante entrevista (ver www.aceprensa.com): "Llega un momento en que tienes que mandar la modelo a casa". Esa, ni más ni menos, es la clave de Salvoconducto. A.F.
Director: Bertrand Tavernier. Intérpretes: Jacques Gamblin (Jean Devaivre), Denis Podalydès (Jean Aurenche), Charlotte Kady (Suzanne Raymond), Marie Desgranges (Simone Devaivre), Ged Marlon (Jean-Paul Le Chanois), Philippe Morier-Genoud (Maurice Tourneur). País: Francia. Año: 2002. Producción: Alain Sarde y Frédéric Bourboulon para France 2 Cinema, France 3 Cinema, KC Medien, Les Films Alain Sarde, Little Bear, Studio Canal y Vertigo. Argumento: Basado en el libro de Jean Devaivre. Guión: Jean Cosmos y Bertrand Tavernier. Música: Antoine Duhamel. B.S.O.: Universal Music France. Fotografía: Alain Choquart. Dirección artística: Emile Ghigo. Montaje: Sophie Brunet. Estreno en Madrid: 27-IX-02. Distribuidora cine: Vértigo. Distribuidora de vídeo: Manga. Duración: 170 minutos. Género: Drama histórico. Premios Principales: Ganador del Oso de Plata en el Festival de Berlin 2002 a Mejor Actor (Jaques Gamblin) y Mejor Música (Antoine Duhamel); nominada al Oso de Oro (Bertrand Travernier). Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: V S.



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